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La evolución del Barça tras el adiós de Xavi

Aunque, en un primer momento, la decisión de hacer pública su marcha a final de temporada parecía algo inoportuno, los números reflejan un cambio. El objetivo del míster era liberar de la presión a los jugadores y parece que éstos, poco a poco, están mejorando sus prestaciones.


Ha pasado un mes desde que Xavi Hernández acudía a la sala de prensa del Lluís Companys para anunciar que abandonaría el club cuando acabara el curso. Después de la debacle frente al Villarreal (3-5), la situación requería una medida drástica para revertir la dinámica. Para el asombro de todos, el entrenador asumió su parte de culpa, se ponía en el ojo del huracán y daba un paso al lado. No obstante, tanto el técnico como Laporta acordaban que lo mejor era que el de Terrassa terminara su contrato.



El presidente dejaba claro que el míster es una leyenda del Barça y, como tal, hacía una excepción con él. Ahora, dicha confianza está comenzando a dar sus frutos, tal y como se vio el sábado pasado contra el Getafe (4-0). Sin embargo, el efecto tardaría en notarse ya que, en la jornada siguiente al "adiós", ante Osasuna, el equipo continuaba sembrando dudas en su juego pese a la victoria (1-0). El gol de Vitor Roque no era suficiente para unos aficionados que vieron como los futbolistas no eran capaces de superar cómodamente a un rival en inferioridad y jugando en casa.


Precisamente, 'Tigrinho' sería de nuevo el héroe de unos culés que sufrieron más de la cuenta para doblegar a un Alavés (1-3) que mereció mucho más y perdonó a los blaugrana en la primera mitad. Sin embargo, la realidad era que el FC Barcelona conseguía dos triunfos consecutivos tras la "traumática" decisión. Pero todo eso daría un vuelco después de un empate con sabor a derrota en Montjuïc. El Granada, penúltimo clasificado, asestaba un golpe demoledor que provocaba pitos en la grada (3-3).



El camino de Xavi parecía que iba a terminar en Balaídos, pero los azulgrana recurrían a la épica y en la última jugada se llevaban los tres puntos. Un penalti sobre la bocina y un doblete de Lewandowski salvaban al Barça de otro tropiezo en un encuentro que no solucionaba los problemas a pesar del triunfo (1-2). Pero si había un partido señalado en rojo en el calendario, ese era el de la ida de los octavos de final de la Champions.



Tras dos temporadas cayendo en Europa League, el FC Barcelona no disputaba una eliminatoria de la máxima competición europea desde 2021, por lo que la expectación era máxima. Sabedores de que el Nápoles está sumido en una crisis aún mayor que los azulgrana, la exigencia también era mayúscula. Con esa mentalidad arrancaron el choque los culés y desplegaron su mejor versión desde que empezó la temporada.



Fue una exhibición de combinaciones rápidas, presión asfixiante arriba y un seguido de ocasiones peligrosas en tan solo treinta minutos. Aún así, la falta de eficacia goleadora hizo que el tanto llegara a la hora y que las múltiples oportunidades se quedasen en nada. Después de un bajón en el segundo tiempo y de tanto perdonar, Osimhen no lo haría y rascaba un empate que supo a poco, pero invitaba al optimismo.



Ese positivismo culminó el sábado con una goleada que no se veía desde los 5-0 a Amberes y Real Betis. La consolidación de los jóvenes como Cubarsí y Lamine Yamal han coincidido con el paso adelante de Lewandowski y Gündogan y la estabilidad defensiva. Además, los números hablan de 4 victorias y 2 empates con un balance de 6 goles en contra y 14 a favor desde que Xavi se despidiera. Gracias a ello, el Barça sigue muy vivo en LaLiga y quién sabe si en Champions...





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